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RELATO Nº1 --AGOSTO--

RELATO: --LA GRAN LLANURA DE GASJAR--




       Foto de Max Rive




Hola a todos. Hace bastante que no publico nada, más de lo que me gustaría. Todo mi tiempo lo empleo en dejar lista una gran sorpresa de la que pronto tendrán noticias. Este relato, por algún motivo me ha costado bastante llevarlo a cabo quizá porque tengo la cabeza en un sólo personaje, Jack Somers (pista, pista). No me enrollo más. Como siempre, espero que disfruten con su lectura tanto como yo escribiéndola. Gracias por leerme.





La Gran llanura de Gasjar


  Hace más de un milenio, las exuberantes tierras de Lizanmar quedaron arrasadas. Red es de los pocos que se aventuraron a explorar fuera de la seguridad de los muros. Se encontraba descansando en una caverna oculta en las llanuras de Gasjar después de una dura jornada de viaje. Mientras esperaba a que amaneciera, Red, observaba la tenue luz de la hoguera que bailaba entre los brotes de la escasa vegetación de los alrededores, escuchaba un goteo constante y arrítmico de la humedad condensada en paredes y techo, la fragancia de la exótica leña de canela inundaba sus pulmones…

    A Red le estaba costando más tiempo del que le hubiera gustado cruzar la gran llanura que separa los reinos de Biccor y Kmoonlard. Antiguamente, había puestos fronterizos y posadas a lo largo del camino, pequeñas poblaciones, patrullas reales, recaudadores de impuestos, vendedores ambulantes…Ahora, la vegetación casi había destruido los pasos, todo rastro de civilización había desaparecido y los animales salvajes campaban a sus anchas, añadiendo un peligro extra a las largas expediciones.

  El viajero, terminó su desayuno, recogió la estera de mimbre, se colocó la armadura de cuero, apagó la hoguera y borró toda huella de su presencia en la oscuridad de la caverna en la que ha pasado la noche. Esa tenebrosa cavidad, es de los pocos lugares donde aún se podía parar a descansar. Fue el gran Astoria, el primer viajero que cruzó la llanura, quien limpió de bestias la caverna y ocultó la entrada a los ojos no deseados. Red apuró el tiempo, y pese a que el sol aún se ocultaba tras el horizonte, decidió salir y arañarle unos cuantos metros a la jornada.

  Antes de iniciar la marcha, se detuvo a contemplar unos instantes las hermosas vistas; el contraste de las escarpadas colinas de roca azabache con el verde intenso de la vegetación, salpicados con una multitud de coloridas flores. Todo ello cortado por decenas de charcas de un agua cristalina y limpia nutridas por pequeños riachuelos serpenteantes, que, con el ígneo escarlata del alba, parecían incendiados. Red cargó la pesada mochila a sus espaldas y comenzó a dar pequeños pasos con los oídos más atentos que la vista.

  El camino se hacía pesado y lento. En esta ocasión, Red, había sobrevalorado sus capacidades y el sobrepeso de la mochila le impedía moverse a un paso más vivo.  La escarpada y cortante roca de la llanura, hacía que el desgaste de su calzado se acelerase con cada paso y temía que, aún llevando un segundo par de botas colgado a su espalda, cabía la posibilidad de terminar el viaje descalzo hasta Kmoonlard.

  Lo único que aliviaba el peso de su mochila, era la compañía de su fiel compañero, Anubis, un gran lobo huargo de las regiones nevadas del norte. Su pelaje espeso y de color entre gris medianoche, mezclado con el más oscuro carbón, lo hacían perfecto para camuflarse por estas tierras. Desde que Red lo encontró unos diez años atrás, cuando era un cachorro abandonado, sus almas se unieron para siempre.

  Cerca del mediodía, los dos compañeros, se refugiaron al abrigo de un grupo de rocas de gran tamaño, para tomar un tentempié. Anubis miró a su amigo y con un mínimo gesto con la cabeza, este dio la señal para que desapareciera de su vista en busca de presas. Después de casi una hora, mientras Red disfrutaba de unos cuantos pedazos de cecina y un poco de vino espaciado, el huargo regresó con un jabalí de más de cuarenta kilos en sus fauces.

—¿Estarás contento, ¿no? —El huargo agita su cola y lo mira empujando la presa con el hocico.
—No podemos llevar tanta comida con nosotros, lo sabes. Así que llena bien tu estómago. —Anubis emite un ligero gemido triste—.  Yo me quedaré con un poco para hacer más cecina. El resto lo dejaremos aquí para quien lo necesite. —Otro lamento de Anubis—.  No te pongas así, te he dicho mil veces el motivo de estos viajes son para llevar correo entre los reinos, no para llenar tu estómago. —El huargo se recuesta con las orejas gachas—. No te pongas así. Eres un blandengue para ser un huargo. Se supone que eres un fiero lobo, temible acechador nocturno, en manada, peor que un ejercito de demonios, incluso los antiguos reyes enanos, usaban huargos como montura para la batalla. ¿Y qué me toca a mí? Este glotón mimado. 

   El huargo miró a su amigo con las pupilas tan grandes como dos lunas llenas, se acercó a él con la cabeza baja, hasta llegar a su flanco y comenzó a restregar su cabeza en el pecho de Red entre gemidos y lanzando lametones a su cara. 

—De acuerdo, de acuerdo. Nos llevaremos algo para la cena. Pero sólo un pedazo pequeño, ¿me oyes?  —Anubis lanza un aullido triste y breve al viento—.  Un cuarto trasero, y no se hable más.

  Anubis daba saltos de alegría alrededor de Red, que con resignación, añadió unos ocho kilos de jabalí a su ya pesada carga. Dejó el lugar libre de rastro humano y para las bestias carroñeras, el resto del animal. Dio una señal a su huargo para que se adelantara a explorar el camino. Anubis se movía con cierta pereza y con lentitud debido al atracón que se había dado un momento antes. Tardó bastante en alejarse lo suficiente como para desaparecer de la vista de su amigo, mientras este se quejaba una y otra vez por lo mucho que consentía a su compañero y porque el resto de la jornada debía cargar con su cena.

   Al caer la noche, estaba más que agotado, pero aún le quedaba un pesado trabajo, preparar un refugio para pasar la noche. Primero buscó un lugar donde la tierra fuera lo suficientemente  blanda como para cavar, después recolectó ramas y grandes hojas de helechos para camuflar el refugio. Cuando hubo finalizado, se preocupó por Anubis, no había dado señales de vida durante el resto de la jornada. Red encendió un pequeño fuego con leña de canela, y preparó su estera. Volvió a comer unos pedazos de cecina y bebió vino especiado. Aunque no era la primera vez que el huargo se  atrasaba, Red, confiaba en que Anubis encontrara el refugio gracias al aroma de la leña de canela. Solía ausentarse con más  frecuencia de lo que a Red le gustaba, pero no podía luchar contra los instintos de su amigo, por ese motivo usaba leña de canela, su inconfundible aroma lo traía de vuelta a “casa” siempre.

   Red despertó como de costumbre, un poco antes del alba. El rincón que dejó preparado para Anubis, estaba vacío y el pedazo de jabalí que le dejó, intacto. No ha regresado aún. Recogió sus pertenencias rumiando los motivos por los que su amigo no ha regresado: “se habrá roto una pata…”, “¿y si se cruzó con un grifo, o un tigre sombra…?, “puede que haya encontrado una hembra solitaria como él…”; sus sentimientos eran contrarios, entre enfado y angustia por su amigo.  Salió del refugio y dejó oculta su mochila. Llevaba consigo un pedazo de rama de canela a medio quemar y fue ligero hacia la colina más próxima con la esperanza de dar un rastro más amplio  a Anubis.

   Buscó un lugar apropiado para aguardar su regreso, donde pudiera verlo acercarse en cualquier dirección. El sol alcanzó su cenit, Red vació su odre de vino especiado esperando a su amigo.  La quietud de la llanura, el leve susurro de la brisa que sube por la colina, la vegetación que se mece con suavidad a un lado y a otro, sólo acentúan la soledad que invade su alma en la cima, que desde ese día, pasó a llamarse “la colina del solitario errante”.


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Continuará?


Comentarios

  1. Que curiosidad... Donde estará Anubis??... Un relato que engancha, gracias!! Esperamos continuación!

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    1. ¡Muchas gracias a ti por leerlo! Igual este fin de semana te llevas una sorpresa.

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  2. Intrigante, siempre dejas con ganas de más!

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    1. Esa es la idea amigo. Muchas gracias por leerlo y por estar ahí cada semana.

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  3. ������ Dónde está? Por qué no ha vuelto? Esto no es propio de él ���� espero pronto la continuación

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    1. Esa es la gran pregunta de la semana. Aunque todo el mundo se ha preocupado por Anubis y el pobre Red, que esta solo...

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