MÁS POPULAR DEL BLOG

RELATO Nº1 --AGOSTO--

RELATO Nº31 --DERIVA SOLAR: AÑO 1--


Hola a todos. Vengo a tarerles un relato, un poco más extenso de los normal pero muy apasionante. Como me ha gustado mucho el universo creado en los relatos anteriores de "Ocho Minutos" y también la acogida ha sido muy buena, he decidido, convertirlo en una especie de saga. Iré subiendo historias sobre este mundo devastado que, a partir de ahora, el nombre que las unirá a todas será "Deriva Solar". Sin más, espero que disfruten tanto su lectura como yo lo hago escribiéndolas. Gracias por leerme.





 Deriva Solar: Año 1






Lucy se despertó sobresaltada, miró alrededor y enseguida se sintió tranquila, Claire y Pepper estaban  junto a ella, durmiendo.  Se levantó a por la cantimplora y bebió un sorbo.  Observó a sus queridas amigas,  preguntándose cómo podían conciliar el sueño de una manera tan natural, dormir tan tranquilas en un mundo que ya no era suyo. De pronto, un pequeño chasquido en el exterior, llamó su atención, pero tras unos segundos de inquietud, acabó por ignorarlo. Lucy se sentía segura en el pequeño garaje subterráneo que habían habilitado como su pequeña fortaleza. Las dos puertas que disponía, la grande, que da acceso al exterior estaba fuertemente fortificada y la trasera, que daba a la vivienda en donde se habían asentado, estaba bien asegurada; un grueso tablón de lado a lado la bloqueaba y habían construido una suerte de trampa con una escopeta, por si las pillaban desprevenidas.

   Hace ya un año desde que la deriva solar, como lo denominan entre ellas, aconteció y entre las sombras, los saqueadores y las heladas, la humanidad tenía los días contados. Lucy vuelve al saco de dormir y cierra los ojos. De repente, el cerrojo de la puerta de atrás se movió, alguien intentaba forzarlo. Lucy, con sumo cuidado despertó a sus amigas. Todas se levantaron y prepararon sus armas, aunque confiaban en la trampa, no querían malgastar munición ni que el ruido del disparo atrajese a las sombras. En el más absoluto silencio, se colocaron para emboscar al asaltante y desconectaron el cable de la escopeta, Pepper, da la señal y Lucy retira e tablón de la puerta casi sin que se oiga ni el aleteo de un mosquito. La puerta se  abrió de sopetón y alguien cayó de bruces al suelo. Pepper fue la primera que saltó sobre el agresor, pero antes de que su bate lleno de clavos impactara contra él, se detuvo, levantó la mano en señal de alto. El instinto de Pepper, le decía que no era un asaltante, si no un niño. Aún así, por seguridad le puso el pie en el cuello, sin ejercer demasiada presión, la justa para que pudiera respirar y hablar:

—¿Quién eres? ¿Cómo has descubierto este sitio?
—Déjala Pepper, ¿no ves que es sólo un crio?
—Sabes cuáles son las reglas, Claire, “las tres enes”; no separarnos, no alejarse de la luz, no confiar, Claire, no confiamos en nadie, ni si quiera en niños.
—Joder Pepper, lo sé, lo sé de sobra…pero algo me dice que no hay peligro.
—Como quieras, pero regístralo bien y déjalo sin abrigo. No Quiero que salga corriendo a avisar a sus amigos, si los tiene.

Mientras Pepper volvía a colocar el tablón en la puerta y reactivar la trampa, Claire y Lucy se afanaron en registrar y desvestir al intruso cuando se llevaron una sorpresa al dejarlo con un simple pijama y le quitaron el gorro.  Descubrieron un pecho prominente  y un cabello bien recogido, era una joven de largo pelo de color fuego.

—¡Joder Pepper! ¡Mira! Es un cría, ¿Cuántos años tienes mocosa?
—¿Cómo has sobrevivido todo este tiempo tú sola? ¿Tienes a alguien fuera? —preguntó Claire  con más admiración que curiosidad.
—Puedes hablar mocosa, aquí estas a salvo. Nosotras no somos saqueadoras, no matamos si no es para defendernos. Ya no hay nadie así, comprendo tus recelos, pero creo que el hecho de que Pepper no te haya matado a la primera, debería de ser prueba de ello. —Lucy hace una larga pausa para darle tiempo, aunque parece que la joven prisionera no está dispuesta a hablar—. Bueno…creo que sabes ya nuestros nombres, de igual modo, haré las presentaciones: yo soy Lucy, ella es Claire y la que casi te zurra con el bate, Pepper.
—Arizona, me llamo Arizona
—Pero, ¡Qué carajo! ¡Arizona!, me encanta —Grita Claire sin disimular su asombro.
—¡Bien! Sabes hablar, ahora responde mocosa, ¿estás sola?

La joven se mantuvo en silencio, un silencio sepulcral, el cual hizo que ninguna de las tres habitantes del refugio se fiara de ella, es más, se alarmaron de una manera preocupante. Algo les decía que aquella niña guardaba algún peligro y que pronto lo descubrirían, saben de sobra que, a estas alturas, ningún humano se cruza con otro de pura casualidad. Sin mediar palabra, ataron a la prisionera y la amordazaron bien, prepararon las armas y se parapetaron tras unas estanterías que dividía la estancia. Justo antes de que Pepper llegara donde se encontraban sus amigas, la puerta junto con el tablón, saltó en pedazos. La explosión dejó a todas conmocionadas, desorientadas, de fondo se oían los gritos ahogados de Arizona, que pese a tener una mordaza, no pudo evitar el pánico. Claire fue la primera en incorporarse, todo estaba lleno de polvo y humo, su  instinto la hizo disparar en dirección a la puerta. Se oyó un golpe contra el suelo, un golpeo pesado y seco, Claire estaba segura de que había alcanzado a un asaltante.

—¡Como alguno se atreva a cruzar la puerta, me lo cargo! ¡¿Habéis oído cómo ha caído el primero, no?! ¡Malditos saqueadores! ¡Joder!… ¿¡Pepper!? ¿¡Lucy!? —Tras unos segundos desesperados, ninguna de sus amigas responde—. Decidme algo, joder ,chicas, algo…
—¿Están bien tus amiguitas, zorra? —Una voz ronca, rasgada,  que en cada palabra denotaba un odio visceral, provenía desde el otro lado de la pared del garaje, junto a la puerta destruida.
—¿Por qué no vienes a comprobarlo tu mismo, hijo de puta?
—¡Oh! No muñeca. Primero quiero darte tiempo para que pienses en lo que te voy a decir. Tienes dos opciones. O mueres aquí, junto a las putitas de tus amigas, o por el contrario, nos dejas pasar y nos hacemos amigos. Somos buena gente, te lo aseguro, estamos faltos de compañía femenina, pagaremos, te lo prometo. Bueno, también está la tercera opción y… para serte sincero, es la que más me gusta,  entramos por la fuerza…os capturamos… y ya sabes, os usaremos para lo único que servís, me entiendes, ¿verdad?
—¡Que te jodan! ¿Me oyes? ¡Que te jodan a ti y a toda tu jodida panda de salidos de mierda!
—No te pongas así, de un modo u otro vamos a entrar. Tú decides cómo quieres acabar en este mundo. Yo particularmente no tengo problemas en violar a tres putas muertas, no sería la primera vez…—Suelta una risotada maquiavélica—. Por cierto, qué descortés por mi parte no haberme presentado antes, mi nombre es Tristán, sí, como el del rey Arturo…  Ahora hechas las presentaciones…
—Me importa una mierda como te llames, ¡Lárgate de aquí! —Le interrumpe.
—Venga, venga, no te pongas agresiva conmigo, pensaba que estábamos haciéndonos amigos… ¡Ah!  Me había olvidado ya de mi cachorrita.  ¿Dónde está Arizona? ¿No la habrás matado no?
—¿Por qué no entras a ver como está?
—Muy buena, muy buena zorra, pero va a ser que no. Si está viva, hará su trabajo. Ahora, te dejaré unos minutos, para que pienses en lo que te he dicho y compruebes cómo están mis futuras “esposas”…ja ja ja ja.

Mientras la sonora carcajada de Tristán resonaba por toda la vivienda, Claire, miró alrededor en busca de sus amigas. El humo y el polvo casi se habían disipado por completo. Vio a Lucy a escasos metros de ella, se agachó y zarandeó a su amiga para que reaccionara.  Lucy, abrió los ojos y se incorporó dolorida y bastante desorientada, buscó a tientas su arma con la mano y hasta que no la encontró no respiró tranquila. En pocos segundos se encontró mucho mejor, el mareo cesó y se encontró lista para incorporarse.

—¿Estas bien Lucy?
—Sí, creo que sí ¿Y Pepper? ¿Y la mocosa?
—¡¿De verdad te preocupa la niña esa!?
—Sí, me cayó bien.
—¡Joder Lu! Esa jodida niñata nos ha metido en este lío. ¿Y a ti te cae bien? No me jodas, Lu. Pepper es lo importante ahora. No la he visto.
—Creo que la explosión la pilló más de cerca, ¿Cómo que no la ves? ¡Coño que estamos en un puto garaje, búscala!
—¡Aquí! Estoy aquí… —La voz de Pepper era débil y superficial.

Pepper apareció bajo un montón de astillas, polvo y escombros. Se incorporó con dificultad con la ayuda de Lucy. La consiguió arrastrar hasta donde se encontraba Claire para examinarla, comprobando todo su cuerpo. La mirada de Claire se congeló cuando pasó la mano bajo las pesadas ropas de invierno de Pepper y notó un líquido espeso en la zona de los riñones. Al sacar la mano cubierta de sangre,  se temieron lo peor, que podrían perder a otra más del grupo. Lucy se arrastró por el suelo en busca del botiquín que tenían guardado en una de los armarios del garaje, pero con tanto destrozo, le resultaba difícil ubicarse. Mientras estaba ensimismada tratando de encontrar el botiquín, un frío metal se apretó contra su cuello, el aliento de alguien se posó en su oido, una mano tapa su boca y con lentitud ambas se ponen en pie. Arizona, que había conseguido librarse de sus ataduras, apresó a una distraída Claire. Lucy al verlas, apunta su arma hacia la cabeza de la muchacha, mientras no puede contener las lágrimas de impotencia,  esta apunto de perder a Pepper y puede que nunca más vea a Claire.

Arizona condujo hasta la puerta destruida a Claire, con la amenaza del cuchillo aún en su cuello y llamó a Tristán. Pepper gritó de desesperación desde el suelo, Lucy , que tenía aún el arma en las manos, se sintió tentada por el gatillo, pensaba en la promesa que se hicieron justo, hace seis meses; todas acordaron que preferían morir a manos de su amiga, antes de ser violada una y otra vez por una panda de desalmados o ser atrapadas por las sombras.

—¡Eh Jefe! ¡Jefe! Mira lo que te he traído, tengo tu premio.
—Buena chica, sabía que no me defraudarías. —La sonrisa de Tristán no puede ser más satisfactoria—. Ahora sólo falta que las otras dos se rindan, bueno, sólo una, la otra está medio muerta, no nos vale así.
—¿Y los demás jefe?
—Los he mandado al campamento antes de que vuelva la tormenta. Tenemos la vía de regreso bien iluminada, no se han acercado los oscuros de momento.
—No a todos, ¿no?
—He dicho todos puta niñata.

Arizona hizo un gesto, indicándole a su jefe que alguien venía hacia ellos. Cuando este se giró, la muchacha saltó  sobre su espalda y antes de que pudiera reaccionar, le había ensartado su puñal en la nuca, saliéndole por la garganta. Tristán calló fulminado al suelo ante la estupefacta mirada de Claire.

—Estaba hasta los cojones de ese puto enfermizo degenerado. Ahora mírame y escucha con atención: no tenemos mucho tiempo, es probable que Tristán mintiera, tiene la costumbre de decirle a cada uno, una orden diferente, así que es posible que alguno regrese pronto. Dile a tus amigas que tenemos que irnos de aquí ya.
—Y una mierda, ese no era tu jefe, sonaba diferente. Seguro que es una trampa maldita puta traidora.
—Piensa lo que quieras, tus amigas tienen los minutos contados si se quedan aquí. Yo tengo un escondite donde suelo ir. No está lejos y nadie lo conoce.
—Debería matarte aquí mismo mocosa de mierda. ¿Te crees que me vas a engañar así como así?
—No hay tiempo. O vienes ya con tus amigas o se quedan aquí. Pero te garantizo que de un momento a otro vendrán los demás a por sus trofeos. Y no será agradable.

Claire se queda unos instantes en silencio, estudiando la expresión de la muchacha, que era fría, distante, apagada. Tras unos segundos, decidió ir a por sus amigas. Lucy que estuvo al tanto de todo, ya se había hecho con el botiquín y estaba casi lista para salir. Su instinto le conminaba a confiar en Arizona. Las cuatro salieron a la fría intemperie guiadas por la joven, en cuyas manos pusieron sus vidas, al menos, por el momento.

Comentarios

  1. Uffff que tensión. ¡Cuantos engaños y maquinaciones! Harán bien en confiar en Arizona? Espero que haya mas sobre esta historia y que consigan escapar de esos asquerosos degenerados

    ResponderEliminar
  2. Menuda tensión hasta el final. Espero impaciente el siguiente relato. 👏👏👏👏👏

    ResponderEliminar

Publicar un comentario