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RELATO Nº1 --AGOSTO--

RELATO Nº25 --TORMENTA--


Hola a todos. En contra de las peticiones que he recibido, no voy a publicar la continuación de "La frontera entre esferas". ¿Por qué? Pues porque aún no esta lista y  he de darle vidilla el blog con cositas nuevas. Pronto tendrán una continuación, lo prometo. En la publicación que hoy les traigo, nos encontramos con un futuro cercano y distópico en consonancia con la actualidad de hoy día. Sin más y como siempre, espero que disfruten de la su lectura tanto como yo lo hago escribiéndola.




—Tormenta—





Una fría noche. Desde mi ventana observo a decenas de hombres  apelotonados junto a los barriles ardientes de la extensa campiña. El viento golpea inclemente desde el norte y la nieve hace inútil cualquier intento de guarecer algo de calor en el cuerpo. Estoy sentada en el ancho alféizar de mi ventana, sólo vestida con un grueso y muy holgado suéter de punto , abrigada con el confortable calor de la estufa. El té calienta mis manos, la nieve se acumula en la ventana y tras ella, mis dudas acerca del sino. El ejército lleva todo el invierno acampado en nuestras tierras en un forzado parón de camino a Zaragoza.

No tuve otra opción, el primer copo de nieve fue heraldo de su llegada. Un joven coronel se presentó en casa con una orden del gobierno para que los ciudadanos acogiéramos a nuestros soldados. “Cualquier tipo de negativa u objeción será considerada como alta traición a nuestro país y nuestro líder César Augusto bajo pena capital”. ¿Qué iba a hacer?

Arrasaron todas la cosechas, han vaciado toda la bodega y en la despensa apenas quedan algunos sacos de centeno para los caballos, que a este paso también darán cuenta de ellos. “Aciagos tiempos nos ha tocado vivir” decía mi padre, él siempre tan pesimista, quizás el dedicarse a publicar novelas apocalípticas le pasó factura. Gracias a Dios que no tuvo que ver cómo se han adueñado de la casa, el mismo día que entramos en guerra, como si un profundo pesar por la noticia, lo arrastrara a la dulce muerte de no ver arder las tierras que tanto ama.

Pese a la violencia de la tormenta, los drones van de aquí  allá  con un vuelo rítmico, verlo desde el confortable calor de la casa, es como ir a ver una función  de ballet clásico. El cuello del suéter se desliza por mi hombro hasta el antebrazo, dejando parte de mi pecho al descubierto, el tacto de la lana y el olor que aún desprende, es lo único que me queda de Raúl. Murió recuperando Valencia en el ochenta y cinco, en lo que fue la batalla más sangrienta desde que empezara la guerra en el 2079.

Cuando mi mirada vuelve a la campiña, hay un joven con la mirada fija en mí, esboza una tenue sonrisa y yo por compasión se la devuelvo, no paro de pensar que en unas semanas ese pobre imberbe pasará a engrosar las listas de bajas de esta absurda guerra. Bueno, ¿qué guerra ha tenido sentido alguna vez?  Ninguna, pero esta se lleva el “Guinness” al conflicto absurdo del siglo. ¿Alguno de los de ahí abajo se plantea siquiera que están luchando porque  la mitad de Europa le ha seguido la corriente a los ingleses con el Brexit? La división del continente y el nuevo ascenso de los fascismos en lugares impensables como la propia Inglaterra, Francia o España, ha dejado un panorama  desolador. “Brexianos” contra “Liberales”, la guerra de la Alienación la llaman. Una guerra absurda más.

Una voz ronca y potente me llama, vociferando improperios y maldiciendo su suerte desde el recibidor. Sólo el adusto y malhumorado capitán Valverde tiene la costumbre de llamarme como a uno de sus lacayos. Siempre que me reclama de esa manera tan poco educada, suelo tardar en atenderle, sólo para volverlo a escuchar durante cinco minutos toda clase de insultos hacia la ciudadanía irresponsable. A mí me resulta divertido. Cuando bajo, tanto él como sus subalternos se ruborizan hasta tal punto que se dan la vuelta:

—¡Por dios señora! Sus faltas de respeto hacia el glorioso ejército Brexiano ha llegado demasiado lejos. ¡Póngase algo decente!

—¿Desea algo capitán?
—Tengo que ubicar a nuevos reclutas y el coronel me ha pedido que le pregunte si el porche está disponible.
—¿El coronel es demasiado importante para hacer él mismo la petición?
—El Coronel, esta demasiado ocupado en ganar esta guerra y no puede perder el tiempo en nimiedades de este tipo.

Sin mediar palabra, me dirijo hacia la puerta que conduce al porche. El viento me arranca el pomo de las manos y sacude mi suéter dejando ver más de lo que me gustaría. Uno de los subalternos del capitán acude a mi rescate, pero yo en mi terca compostura evito sus manos y me planto en medio del vendaval entre la puerta y la baranda del porche. Señalo a ambas partes de éste con toda mi ira, toda mi repugnancia mientras quedan al descubierto todas mis partes y la nieve golpea y me congela la entrepierna. Supongo que la escena no tiene que ser del agrado de su “excelencia” Valverde porque le palpita la vena de la frente y la cara le arde del cabreo.

Empiezo a reírme sin cesar, una risa enfermiza, nerviosa, toda la tensión de estas semanas por fin comienza a liberarse, hasta que miro a un lado del porche y veo dos hamacas, de color arcoíris, como dos velas en el mástil de un antiguo velero.

Mi instinto hace correr hacia ellas para que no sean presa de la tormenta y justo al llegar a ellas tropiezo y caigo de bruces encima de una.

Me despierto algo desorientada, con la cabeza espesa. El sol brilla desde el horizonte y hay bandadas de pájaros revoloteando por la campiña, verde, rebosante de vida, sin rastro del temporal de anoche; se respira un aire primaveral en el ambiente. Me incorporo con bastante esfuerzo y desde el interior de la casa oigo un ajetreo inusual. Al entrar, me quedo bajo el quicio de la puerta consternada. No es mi casa. Bueno, para ser más exacta, es mi casa pero no tal y como la dejé anoche al recaudo del capitán “tengo un palo metido en el culo”. Debe ser que aún estoy soñando, pero es como si fuera un museo retro, como si algún graciosillo se hubiera dedicado a buscar todo cachivache de principios de siglo y lo hubiera dejado cuidadosamente en cada rincón de mi casa.

Comentarios

  1. Me ha encantado! Me he metido muchísimo en la historia. Un escenario muy elaborado y ocurrente. El mayor pero... que sea un relato corto y nos dejes a mitad... ¡cuéntanos más!

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    1. Muchas gracias por venir aquí con frecuencia. En la próximas semanas intentaré subir la continuación, que veo que ha gustado. Hay mucha gente que me esta presionando jeje.

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  2. Me encataaa, un relato muy imaginativo y ocurrente y me sabe a poco.

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    1. Muchas gracias por tus comentarios. Sabes que las cosas buenas vienen en pequeñas raciones. Un beso!

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  3. Muy buen escenario el que planteas! Ojala no se haga realidad...

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    1. La verdad que toda la situación fue surgiendo a medida que lo escribía y hasta a mí me sorprendió. Espero no defraudarte cuando publique la segunda parte. Un saludo.

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