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RELATO Nº1 --AGOSTO--

RELATO Nº20 --EL JUEGO DE LOS DIOSES--



Otra semana más, les traigo la serie de "Leyendas de Laurentia" . La historia se enreda y se abre al mismo tiempo. Advierto que este texto es un poco más extenso de lo habitual, asi que tener un buen té cerca amenizará bastante :-). ¿Qué aventuras nos traerá para nuestro avezado príncipe? Si andais perdidos y queréis recuperar el hilo de la historia, el orden cronológico (el de publicación es diferente) sería: "La calma que precede" -> "De la vanidad y la ira" -> "El duque" -> "El juego de los dioses".  Como siempre espero que disfruten de la lectura tanto como yo disfruto escribiéndola.

AQUI EN ORDEN CRONOLÓGICO:

1º--> LA CALMA QUE PRECEDE
2º-->DE LA VANIDAD Y LA IRA
3º-->EL DUQUE
4º-->EL JUEGO DE LOS DIOSES




El juego de los dioses

 


Hace dos noches y un día desde que aconteciera la derrota de la alianza de los cinco reinos. La vasta  llanura, ahora teñida con sangre por miles soldados caídos, desde la orilla del río Arganda hasta la gran ciudad de  Trèsverres, esta sumida en un silencio inquietante. Sólo es visitada por cuervos,  buitres, y otras bestias carroñeras. Los cadáveres esparcidos forman un manto dantesco, los pendones y banderolas clavados en la tierra, los cientos carromatos, ballistas y trabuquetes, que aún arden, evocan la misma imagen que tienen los temerosos del averno.  Y aquí, dónde ni la muerte se atreve ya a pasar , se oye un hálito de vida.

El príncipe ha sobrevivido, parece que recobra el conocimiento. Siente el cuerpo pesado, muy pesado, como si tuviera un buey encima. Aún no logra ver nada más que tinieblas. Siente que su vida se apaga como una brizna de paja  prendida en una noche de rocío. Se precipita al letargo.

Un chapoteo seguido de unas extrañas pisadas le devuelven al mundo consciente. Sigue notando el cuerpo inerte, aprisionado. Ahora atisba una tenue claridad. Siente una  respiración junto a él. Tras una breve lucha interna logra abrir los ojos. Esa leve luz de antes, es el sol del ocaso. Se da cuenta de que realmente es un buey el que lo mantiene prisionero en el lodo, ocultándolo de las vistas del enemigo, pero no de los animales carroñeros; también de posibles amigos piensa después.

Esta empapado,  mal herido, prisionero de un buey, Fulgor del norte, su legendario mandoble, perdido, y si no moría antes, devorado por las bestias. Ríe, la tormenta había pasado, y aún vive para ver otro atardecer.

Con la mano que tiene libre, se palpa el torso y descubre algunas de sus heridas.Tiene la armadura hecha añicos y encuentra su espada a la derecha, ensartada en la tierra lo suficiente cerca para reconocerla, pero no lo suficiente  para alcanzarla. Y ahí clavada, erguida como un estandarte, al ver la luz del atardecer bañando el imponente  acero de su tizona, siente la llamada de los dioses. Una energía vibrante recorre cada músculo de su cuerpo, grita a los cinco divinos, se jacta de su nuevo poder.  comprende que no morirá ahí. Sus pasos ahora discurren por un sendero distinto al de los mortales.

Hay un sonido familiar, esas pisadas extrañas han vuelto. Ahora con los sentidos más alerta, reconoce que son perros, una manada de perros salvajes se aproxima, lenta y con decidida cautela. Es probable que lo que escuchó antes, fuera una especie de explorador y ahora, su duda es si vienen a por él, a por el buey, o por ambos. Con la ferviente creencia de que está comenzando “La leyenda del Príncipe Kenneth”, la adrenalina recorre ahora su cuerpo y  grita :


—¡Vosotras bestias infames, acercaos si os atrevéis! ¡Los dioses me han elegido! ¡El mismísimo Pecton se hará unas botas con vuestra piel! ¡Vamooos!


Ha subestimado a los canes, mientras la mitad de la manada se acercaba por los charcos y a barlovento, atrayendo su atención,  la otra mitad se aproximó al bravo príncipe a sotavento, y de espaldas al sol; la cena, parece ser, esta servida. Kenneth gira la cabeza y observa a cuatro mastines, uno de ellos al menos el doble de corpulento que los demás. En sus ojos, entre azufre y carmesí, observa perplejo como en una sátira caballeresca, el  príncipe muere a manos del monstruo que juró matar para salvar a la princesa de turno.

Ladran, gruñen y gimen poseídos por el demonio del hambre , esperando a que el alpha de la señal. Se abalanzan como una legión de la muerte.



Silbidos en el aire.

En la lejanía se oyen gritos y vítores.  Los dioses han salvado a Kenneth manteniendo la leyenda con vida. El joven príncipe, rompe su tensión en unas carcajadas nerviosas. Aún ignora que a los dioses les divierte jalonar el destino de sus elegidos con ironía, desdicha y tiempo. El tiempo sólo es para que las deidades disfruten.

Oye como se acerca un pequeño grupo de personas, conforme los distingue, su semblante va girando hacia la incertidumbre, para terminar en  decepción:

—Vaya, vaya, vaya. Sabía que seguir a esos chuchos nos iba a traer suerte Vikem. Te lo dije, y tu como siempre quejándote y gruñendo. ¿Ves que tenemos aquí   —Vikem niega con la cabeza— ¡Puto inútil! ¿¡Es que nunca sabes nada imbécil!?, ¿no ves que es un estirado de esos que se limpian el culo con lo que tu comes ?
— ¡¿Cómo ices hermano?! ¡¿ Qué mas llamao?! —desenvaina su cimitarra— ¡A ver si agora tienes cogones !
— Anda calla ya y empieza a currar, que no vinimo aquí a platicar. Mira a ver si el estirado tiene algo de valor y despieza al buey para sacarlo de ahí. Myrna, menea el trasero y mira a ver si hay más chuchos de esos cerca. Lorem, tu y Folken adelantaos. Yo me quedare con el estúpido a sacar el tesoro del barro. ¡Moveos coñe! ¡Deja de mirarle ya Myrna, no creo que le funcione! ¡Largo! Siempre tengo que hacerlo todo yo —masculla—.

— Bueno —se pone de cuclillas junto a Kenneth y se dirige a él— ¿Qué me vas a contar ?, ¿y qué provecho sacaré yo de eso? Sólo de los pedacitos de la armadura puedo sacar tajada. ¿Puedes moverte? ¡Ah! Se me olvidaba, digamos, que su señoría siente una gran presión ahora mismo, ¿no?  —Estallan en carcajadas, menos Kenneth, claro— Perdón, perdón finolis…no quería parecer grosero. No sus ofendáis excelencia.

—¿Qué sois?, ¿una especie de panda de bandoleros del tres al cuarto? No le daríais miedo ni a mis doncellas. ¿Provecho queréis?, ¿fortuna pides? Liberadme, y os recompensare con vuestro peso en  oro.

—¿Cómo que bandoleros ? ¿Te puedes creer Vikem cómo nos insulta? —Vikem que ahora estaba distraído despiezando la res sobre el príncipe gira y lanza su puñal hacia este—.

—¡Maldito hideputa!, ¡sus voy a cortar la verga y dársela de comer a los puercos!, ¿cómo mierdas le hablas así a mi hermano? Te ha salvao la vida y tenes deuda de sangre con él. De no ser por que mis hermanos son buenos con el arco, serias mierda de perro. ¡Pide perdón finolis! —Viken lanza un pequeño puñal y Jorem de un manotazo en la cara lo aparta de su preciado rehén—.

El puñal impacta en una mella resquebrajada del peto de Kenneth. Al estar boca arriba, se había formado una holgura que evitó una muerte precipitada, mientras éste lo toma como otra señal divina de inmortalidad.

—Vas a matarlo Vikem, déjalo estar. No ha sido para tanto.
—Pero te ha insultao
—Si ya, pero yo también a él, estamos en paz, ¿vale?
—Como quieras —escupe con desprecio hacia su hermano—…vete a cagar come mierda, nunca dejas que me diverta.
—Joder Vikem, joder, pero mira que eres merluzo. “Dinero en la bolsa, hasta que no se gasta no se goza” ¿Quieres seguir siendo un muerto de hambre? —Saca el puñal de la armadura de Kenneth—¿O quieres casarte con esa furcia del burdel de Las Violetas? —Viken aasiente— Si, ¿verdad? Pues toma tu cuchillo y termina ya con el bicho este, que esta anocheciendo. Seguro que habrá patrullas buscando a su excelencia el finolis ¿No es así guaperas?

Jorem saca su daga y acaricia el rostro del joven príncipe mientras sonríe. Tras varios amagos le raja la cara con un tajo desde el pómulo izquierdo hasta el mentón:

—¡Oh!, ¡cuánto lo siento! He estropeado tu perfecta cara de señor importante. —en tono burlón— ¡Qué te sirva de advertencia! Tu noble jeta me pone de los nervios… ¿Has acabado ya Vikem? —El hermano hace un gesto afirmativo— Bien, ayudame  a arrastrarlo. ¡Buenas noches finolis!
Le propina un golpe en la sien con el canto de su puñal dejándolo nuevamente inconsciente.

Jorem y Vikem no tienen que esperar mucho por el resto de la cuadrilla. Regresan con una carromato medio chamuscado y mal reparado, mas caballos para el resto. Atan de pies y manos al reo, y como si de un saco de grano se tratase lo lanzan en la parte trasera. Se dirigen con paso vivo y por sendas ocultas hacia el oeste, a territorio Erdiano, a un fortín Aduanero en el paso de Dalt Vila. Duermen en cavernas, barrancos, simas y en las profundidades del bosque durante el día, viajando sólo durante las horas centrales de la noche . El príncipe pasa las dos primeras jornadas del viaje inconsciente, hasta que a la tercera noche el traqueteo del carromato y el leve balanceo lo sacan del sueño.

—…harás con el oro que nos den?
—Lo tengo todo calculao hermano, con mis siete onzas, iré a la sastrería de Deleiquer y me haré unas ropas bonitas para Myrcele, bonitos pantil…
—Se dice pantalón, que no te enteras…
Pantilón, pontlilón, pantalón, eso, eso, hermano y después compraré a mi Myrcele.
—¿Y nada más, sólo con un pantalón y sin más ropa? ¿con ese careto de jabalí asustado? Ja, ja, ja, ja…¿Qué te parece finolis?, ¿qué te…? Me cago en sus muertos, ¡esta despierto! ¡Vikem, dale en la mollera!


Tras seis jornadas bajo la luna y  cuatro golpes más en la cabeza, llegan a su destino en el Fortín de Duun Ur Broz, paso casi obligado para todo aquel que se desée adentrarse en el país y la capital. Duun Ur Broz no esta muy bien fortificada, es vieja y sus murallas medio derruidas cuentan historias de siglos de batallas y cambios de bandera. Su actual señor es un conde de bajo rango, el más bajo que hay en Erdin, cosa extraña sabiendo  su cercanía y gran rivalidad con el reino de Auscii. Pese al estatus del señor, la guarnición compensa con creces  el estado del fortín. Esta bien pertrechada y es numerosa, veinticinco soldados, otros tantos arqueros, diez lanceros y veinte jinetes. El gran número de tropas vive hacinada en los dos cuartelillos que posee el fortín y en las viejas habitaciones del servicio.

Son recibidos por el sargento de la guarnición y conducidos al único alojamiento disponible, un pequeño y desvencijado cobertizo. El consuelo del grupo es que la paja esta seca y no tiene pulgas. De las goteras les aseguran entre burlas y sarcasmos que son inexistentes. Descargan la preciada mercancía y la atan con varios nudos al pilar central del cobertizo.

Han llegado temprano a la cita, tienen que verse con el alguacil de la comarca en la quinta luna del año y para eso falta poco más de cinco días. Jorem se lamenta, en cinco días pueden pasar demasiadas cosas, eso contando que el alguacil no se retrase.

La vida en el fortín es muy austera, el humilde señor no puede permitirse seis bocas más, así que invita a sus nuevos huéspedes a buscarse su propia comida y les indica cuales son las mejores áreas de caza. Al anochecer, Kenneth recupera la consciencia, y temeroso de otro golpe en la cabeza, ni se inmuta, ni abre los ojos, tan sólo se limita a escuchar:

—…bien Myrna, eso esta bien. Ahora hay que llenarse la panza, ¿quién va?
—Yo misma, ¿Estiramos las piernas jefe?
—Pues ahora que lo dices, si, iré contigo niña. Vosotros tres vigilen al principito, ¡no quiero líos ni broncas! ¿Me habéis oido?—todos asienten con la cabeza.


Tras un rato de prudente espera, Kenneth abre los ojos, observa con detenimiento dónde se encuentra. Al principio cree que no ha recuperado bien la vista por los golpes, pero se da cuenta de que todas las ventanas están cerradas, entra muy poca luz. La habitación esta prácticamente vacía, un gran montón de paja en una esquina apelmazada con varias mantas y en la otra, una mesa circular y unas banquetas. Ahí encuentra a tres de los cinco bandidos sentados en silencio, ocupándose de su armamento.

—¡Eh tu! Llevo días sin comer y sin beber, ¿piensas venderme muerto? ¡Eh ! ¡Jabalí! Dame al menos agua; te han ordenado mantenerme vivo, ¿no? ¿¡No me oyes, maldito hijo de siete putas!?

Vikem explota y de dos zancadas se planta frente al príncipe. Comienza un baile entre los puños de Vikem y la cara de Kenneth el “inmortal” . Los gemelos Lorem y Folken, dejan sus quehaceres para disfrutar del vals pugilista de su hermano mayor hasta que, después de unos minutos deciden dar por terminada la velada.

—Ya vale hermano, que lo vas a matar y ya escuchaste a Jorem. Déjalo, ¡por los dioses Vikem, para!

 Se abalanzan contra Vikem intentando reducirlo, la gran corpulencia de este les obliga a forcejear con todas sus fuerzas. “Él jabalí” esta inmerso en un frenesí violento, no distingue entre príncipe    y familia. Con la trifulca en su álgido momento, a Folken le cae una daga del cinturón, Kenneth que se encuentra vomitando sangre, se percata del sonido. Es su oportunidad. No le queda más remedio que sentarse encima de su vómito. Estira las piernas todo lo que puede, con la puntera de su bota apenas roza la guarda. De pronto Lorem tropieza, propina un puntapié involuntario al puñal y este se pasea por delante de Kenneth hacia el otro lado de la habitación. El inmortal maldice su suerte divina, gira sobre la columna y repite el estiramiento. Exclama un hurra y enseguida agacha la cabeza temiendo que lo hayan oido. Los hermanos se encuentran tendidos boca arriba exhaustos, doloridos y extrañamente riéndose a carcajada limpia. El príncipe no da crédito a lo que ven sus ojos y queda perplejo unos segundos. Sacude la cabeza, lleva el puñal con sus pies hasta la entrepierna y gira de nuevo sobre el pilar de madera. Se aferra a la pequeña hoja con presteza, comienza a realizar un movimiento de sierra para liberarse de sus  ataduras.

Los tres hermanos están inmersos en un debate para ver quién fue el mejor luchador, comentando con gracia los lances de la pelea. Kenneth se libera y con el puñal en la mano se dirige con férrea determinación hasta sus captores, apuñala en la base del cuello a Folken, su desgarrador grito alerta a los otros. Al príncipe de repente  se le apagan las fuerzas, esta muy mermado por el ayuno y la paliza recibida. Dirige ahora un tímido ataque al corpulento Vikem, arremete con un tajo descendente que alcanza sin mucho percance a su objetivo en el codo y en el costado para su sorpresa. El corpulento bandolero se encoge por el costado herido y cae de rodillas. Lorem esta compungido por el dolor, solo puede  emitir un alarido funesto, abrazando el cuerpo inerte de su gemelo. A Kenneth se le escapa el puñal de sus manos ensangrentadas; temiendo un contraataque, intenta lanzarse cual león sobre la  cabeza del “jabalí” pero las piernas no le responden a sus órdenes. Sólo consigue caminar con torpeza hacia Vikem, le propina un certero golpe en el mentón y continúa su ataque. Advierte que  sus golpes no surten el efecto deseado y no esta consiguiendo noquear a su rival. Lorem reacciona, con la mirada llena de ira y odio,  agarra una de las banquetas y da un salto contra Kenneth, asesta un fuerte golpe en la espalda, que le hace crujir varias vértebras y queda postrado sobre Vikem. El colérico gemelo le da la vuelta, se sienta a horcajadas  sobre el, grita de dolor por la muerte de su hermano, propina un puñetazo tras de otro mientras continúa gritando cada vez más y más alto.


 Hacen acto de presencia Jorem y Myrna, que habían acelerado el paso cuando se percataron de los ruidos provenientes del cobertizo. Al contemplar el panorama, permanecen estupefactos unos instantes. Myrna corre hacia el cuerpo inerte de su amante. Jorem va a por su hermano menor Lorem para evitar que mate a su preciado prisionero. Tras ellos llegan el conde con una pequeña escolta.

—Por los cinco divinos, ¿qué clase de caza recompensas sois? Desde luego el alguacil tenía muchas esperanzas puestas en vosotros. ¡Habéis matado al prisionero!. Esto no satisfará en absoluto a nuestro Rey. ¡Miraos! Todo esto por un pordiosero soldaducho auscita. ¿Para vosotros será toda una fortuna tres monedas de plata? ¿No? ¡Me dais asco! Por esta torpeza pronto le haréis compañía al prisionero.

— Cierra el pico, ¿no tienes corazón hijo de perra? ¡Mi hermano también ha muerto! Ándate con ojo conde del tres al cuarto. Tu ignorancia es tan grande como tu falta de modales. No te confunda nuestro aspecto, estas ropas que ves son un mero disfraz. Soy Jorem, me llaman la avispa, has oido hablar de mi, ¿verdad?  Somos mercenarios, los capas carmesí. Cuando venga el alguacil veremos quien acompaña al auscita. Este de aquí casi irreconocible es nada más y nada menos que el gran príncipe de Auscii Kenneth, el bravo. Y creo que vale más que tres asquerosas monedas, yo diría que vale más que tu repugnante persona. No tientes tu suerte.

Jorem, da un puntapié de rabia y dolor contra su hermano Viken, en el suelo aun lamiéndose las heridas junto al cuerpo inerte de Kenneth.

—Y ahora, ¡¿qué diantres ha pasado aquí?!, ¡que alguien me explique este desastre !—exige el líder de la banda con profunda ira y dolor—.

 Advierte que le salpica un esputo de sangre. Kenneth vive. Es rápidamente llevado a la enfermería donde recibe los mejores cuidados por parte del médico del Conde.

Al sexto día, al amanecer desde la trifulca, llega el alguacil y representante del rey, y llegó bien informado. Uno de los soldados del Conde, que  trabaja como espía para la autoridad de la comarca, le había enviado un cuervo con los nefastos sucesos acontecidos.

Lo  primero que hace es imponer una sanción al conde por negligencia, maltrato a un prisionero noble, no cumplir la ley de asilo y no recibirlo con los honores pertinentes; lo que deja a este casi en la ruina. Se dirige después a la enfermería, a visitar al príncipe para que le informen acerca de su estado de salud. Lo interroga brevemente para comprobar su identidad. Más tarde se reúne con los capas carmesí. Entrega la recompensa de treinta y cinco onzas de oro y firma el acta real de entrega del prisionero. Luego en privado añade sólo para Jorem otras treinta y cinco onzas.

 A mediodía, Kenneth despierta, lamenta profundamente su condición de inmortal; es ahora cuando comprende que los dioses tienen un nuevo juguete. El alguacil es informado de que el príncipe  es capaz de viajar y da ordenes para que se disponga todo lo necesario para partir hacia la capital. No quiere perder el tiempo, y parten casi de inmediato.

Inician la marcha cuando el sol comienza a bajar desde el cenit, Kenneth va sentado en el suelo de un carro cerrado por barrotes de espinas.

Ahora, restan cuarenta días y cuarenta noches hasta Concani, capital Erdiana. Cuarenta días y cuarenta noches para que prosiga el juego de los dioses.

Comentarios

  1. Al fin otro capitulo mas de esta intrincada historia! Y ahora siguen su andadura... ¿que les estara esperando a lo largo del camino? Muy bueno, como siempre

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