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Buenas a todos, antes de nada quería comentar que de momento, la versión para móviles o celulares, queda deshabilitada. Me parece demasiado austera  y poco eficaz.  A parte que el 90% de las utilidades y funciones que tiene el blog no aparecen en ésta. Cuando encuentre una solución volveré a lanzarla. Ahora sí, la continuación del relato de la semana pasada, donde Jack se enfrenta  a nuevos desafíos por la vida de su amada Sara. Sin más, espero que disfruten de su lectura, tanto como yo disfruto escribiéndolas.


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Ironías del destino 

Parte II




No me gustan las sorpresas, ni las navidades, sobre todo después de mi último divorcio. Mucho menos los cumpleaños, onomásticas o qué carajo, ninguna celebración. La única reunión que debemos tener todos es con Dios todo poderoso cada domingo. 

Y eso de la cafetería fue una maldita sorpresa, una broma pesada que no encajé nada bien. Cerré los ojos con el sobre entre mis manos y clamé al cielo. Lo abrí con mucho cuidado:

Querida  Nicole:

Estás haciendo un trabajo magnífico. Siento no poder verte esta semana nuevamente, pero el poco tiempo que dispongo de visitas lo consume casi en su totalidad mi abogado. Hay mucho trabajo que hacer, ya lo sabes. Cuando obtenga el traslado a una cárcel de Chicago, serás la primera que venga a verme, lo prometo. Nuestro amor no podrá marchitarse pese a las acciones de gente tan mezquina como tu vecina Sara. Mentir de esa manera deliberada en el juicio, sabes que jamás mataría a una mosca, me conoces mejor que nadie ¿Cómo iba a hacerle esas cosa tan horribles a Susan? Vete a saber con que clase de chusma se relacionaba, ya sabes cómo era. Para colmo su hermana me carga el muerto a mí, por Dios, a mí.  Le traerá consecuencias, tú me entiendes. 

Has salvado mi alma de la desesperación a la que se ve sometida en este pútrido manicomio. Desde el mismo día que ingresé y recibí tu primera misiva declarándome tus sentimientos, supe que serías de gran ayuda. Aún recuerdo cuando te veía bailar en el Golden, sin duda eras la mejor de todas, “esa chica promete”, le decía siempre a mis socios.
Cuando todo esto haya terminado y destapemos a esa zorra mentirosa, nos iremos juntos de viaje a Europa.

Siempre tuyo, F.

¡Mierda! Si por un instante cree que ha perdido la carta, Sara está muerta. La protección de la policía que se le concedió tras el juicio era de tan sólo tres meses. Eso es lo que pretendía averiguar. Cuánto le concedieron de protección para saber dónde y cómo hacer que “desaparezca”. Pero el más mínimo indicio de que Sara puede esfumarse, hará que actúe de inmediato, este o no la poli ahí.
Cerré el sobre lo mejor que pude y salí corriendo tras ella. No la vi por ningún lado, ¡Maldición! No puede haber llegado tan lejos. Además, una pelirroja con un recogido tan característico es como para verla desde cierta distancia. Crucé la calle y sin pensarlo dos veces, subí al techo de un coche aparcado. 

Me pareció verla girar la esquina a unas dos manzanas, en dirección oeste. Salté de lo alto del vehículo. Aterricé como un gato borracho y  acabé rodando por los suelos. ¡Por todos los santos! Me ardían las rodillas y la cadera me daba unas punzadas atroces, casi no conseguí ponerme en pie para alcanzar a la chica. Me sentía como un juguete de hojalata viejo y oxidado. 

Tras una eternidad recorriendo esas dos malditas manzanas, giré al oeste y me detuve a observar.
Volví a vislumbrar entre el gentío a la muchacha, me llevaba bastante ventaja. Si va por la calle Sturmfol es que se dirige a la estación de metro. Corté por unos cuantos callejones y al llegar a la escalera de la estación ahí estaba. Debía pensar rápido, o se me escapaba otra vez. Una mirada alrededor me condujo a un chaval de unos ocho años que vendía la prensa junto a la escalera:

—¡Eh chaval! ¿Quieres ganar cinco pavos fáciles?
—Estoy para servirle señor
—Mira, ¿ves a esa pelirroja de ahí? Resulta que me gusta mucho y no se cómo mo decírselo
—¿Y qué pinto yo en eso?
—No incordies renacuajo, ¿quieres esos cinco dólares o no?
—Claro
—Atiende. Le he escrito una carta y quiero que se la entregues. Tu haces como que se le ha caído al suelo. Ya en el interior le cuento de sobra. Así se emocionará más cuando la lea. ¿Has entendido bien?
—Señor, esto… por cinco pavos no dejo yo mi puesto para que me lo coja otro. La cosa esta difícil y me llevare una buena en casa si no llevo algo más que cinco míseros dólares.
—¡Joder con el mocoso! Que sean diez
—Cincuenta
—¿¡Pero que coño!? ¿Por quién me has tomado? ¿Por Rockefeller? Quince
—Cuarenta
—No me calientes muchacho, coge los quince malditos dólares y hazme el favor. Que no la alcanzas.
—Treinta y cinco. Y es mi última oferta señor, la chica esta apunto de entrar en la estación. El precio del billete de metro no se lo cobro ¿Quiere que entregue la carta de amor o no?
—Maldito mangante del tres al cuarto, me esta estafando un mocoso de mierda. ¡Toma! Y date prisa.

 El chaval dejó su prensa en un rincón y partió a toda prisa. Me quede de piedra al ver que giraba en dirección contraria. Me había estafado nada más y nada menos que treinta y cinco pavos y el muy cabrón se larga con la carta. Tuve la tentación de sacar a Clementine pero me contuve. Salí corriendo escaleras abajo tras el chico. De soslayo vi que la pelirroja iba en dirección sur, al centro de la ciudad.
La puñetera rata ladrona no había manera de alcanzarla. Se escurría por pasadizos y agujeros que me hacían casi imposible seguirlo. Sube las escaleras de salida, continua la huída por callejuelas aledañas a la estación hasta que llegamos a un callejón un poco apartado. Ya casi lo tenía cuando un tipo me cerró el paso. El chaval se para en seco y se ríe. Esto no podía estar pasando. ¿Me van a robar dos veces en menos de cinco minutos?

Miro hacia atrás y veo dos figuras más a contra luz:

—Me temo que hoy no es un buen día para tocarme los cojones. Podemos hacerlo de dos maneras gilipollas, o me dejan al chico o más de uno saldrá con los pies por delante.

Ninguno de ellos contesta, sólo sonríen. El que tengo frente a mi saca un bate, detrás oigo sonidos metálicos, puede que sean de puños americanos o simplemente un tubo. 

—Muy bien muchachos…¿Queréis bailar, no? Os voy a presentar a mi amiga. Se llama Clementine.
Me encanta el efecto que produce cuando la ven. Esa mirada mezcla de decepción y arrepentimiento, la misma que me dedicó mi primera exmujer cuando nos acostamos la primera vez. Ahora la entiendo. Crees que has hecho tu mejor jugada, pero no llegas ni de lejos a primera división.

—Así es la vida chicos. Ahora, largaos. No, tu no, rata escurridiza. Dame el sobre y mi dinero.
Muy a regañadientes me devolvió cada dólar que me robó y el sobre. Todo Estaba correcto:

—Toma anda, has conseguido engañarme dos veces, eso no lo consigue cualquiera. Te has ganado esos cinco dólares. Ahora te advierto, Como te vuelva a ver engañando a alguien o robando en vez de cinco dólares serán cinco años en la cárcel, ¿entiendes?.

El muchacho salió corriendo por el mismo camino que sus secuaces, y yo me vi en la casilla de salida. Con un problema  muy gordo y la vida de Sara en peligro.
.
.
.
continuará

Comentarios

  1. ¡Qué fuerte! ¿Casualidad que la muchacha pelirroja y nuestro amigo coincidiesen en la misma cafetería? Me parece muy sospechoso, y más que se le cayese la carta. ¿Será capaz de devolverla sin que nadie se entere? No lo creo, el maldito niño le hizo perder un tiempo valioso. Ella se habrá perdido entre la multitud. Momento épico sacando a Clementine y achantando al personal.¿Cómo saldrá de esta? ¿Cómo terminará en el callejón desangrándose? La intriga seguirá al menos otra semana más...

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    Respuestas
    1. Hola Caracolilla. No te puedes imaginar lo que puede suceder en apenas doce horas...

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  2. Me encanta, sigo en mi película de intriga antigua de esas en que Humphrey Bogart,era el detective.
    Me tiene super integrada.🤔🤔🤔🤔🤔

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  3. Mi inspiración no es precisamente el gran Humphrey, pero me la apunto. ;-). Muchas gracias a todos por estar aqui cada semana.

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