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RELATO Nº1 --AGOSTO--

RELATO Nº9 "PARTE I"-- DE LA VANIDAD Y LA IRA--


Como ya os prometí, Empezamos el año con una serie de relatos en un mundo fascinante, lleno de acción, intrigas y muchas horas de lecturas por delante. Espero que, esta sorpresa que les tenía guardada desde hace tiempo, haya merecido la pena la espera. Como siempre espero que disfrutéis su lectura tanto como yo escribiendola. 

AQUI EN ORDEN CRONOLÓGICO:

1º--> LA CALMA QUE PRECEDE
2º-->DE LA VANIDAD Y LA IRA
3º-->EL DUQUE
4º-->EL JUEGO DE LOS DIOSES



          

            De la vanidad y la ira

 
—Altezas reales, —Hace una vaga reverencia— bienvenidos. El futuro de nuestras amadas tierras corre un gravísimo destino. Habéis sido convocados vuestras altezas, a este concilio secreto, para hallar un modo de hacer frente a tan espinoso asunto. Alguno de vosotros, ya conocéis los hechos, y los que no, os lo hago saber:  El Rey Aidan y su ejercito han cruzado el Arganda. Todas las ciudades, pueblos y aldeas de la orilla norte han sido arrasadas, incluso la ciudad de Dëmberger las más grande y la más fortificada, donde es posible que el príncipe Kenneth, “El bravo”, hijo del Rey Dugan, haya muerto durante la ocupación y los saqueos. Se estiman en ciento veinte mil bajas entre la coalición de los reinos de Nagnate y Auscii, por cincuenta mil enemigas tan sólo. Ademas de los miles de vidas civiles perdidas, reservas de grano, armas, municiones de arcos y ballestas, ganado, pieles y demás provisiones para un año, al menos.

 Decir que es un desastre es poco. Yo mismo el Rey Ronan estuve presente durante la heroica defensa junto con mi buen amigo y principal damnificado el Rey Dugan, aquí a mi lado. Ambos tuvimos que abandonar el campo de batalla durante la gran batalla del valle de la costa azul, cuando al tercer día caímos en una trampa .La Temida caballería de los reales cuervos dorados, que hasta ese momento se la creía huida, apareció por el flanco oeste. ¡Ese cerdo de Aidan logró engañarnos enviando el grueso de sus cinco mil caballeros a cruzar primero el río arantes y ocultando su marcha por las faldas de las montañas azules!… ¡Esa maniobra tuvo que llevarles como mínimo cinco o seis semanas!—Golpea con rabia la mesa— ¡El maldito cabrón arrogante dejo morir a mas de quince mil infantes durante el final del tercer día, para hacernos pensar que le ganábamos la partida,  cuando aparecieron sus  malditos caballeros, en menos de una hora nos barrieron del campo de batalla! —Hace una breve pausa intentando serenarse—. Os pido disculpas por este exacerbado  y e inapropiado  alegato inicial. Quería también que escucharais…

—¡Pero, ¿Cómo es eso posible?! —pregunta con una incredulidad casi infantil— ¡A lo largo de las últimas cuatro centurias, jamás ningún rey del sur ha logrado cruzar el Arganda. ¡Mentís! Sólo nos has convocado aquí para vuestras argucias y satisfacer vuestros deseos de poder. ¿Con qué nos engañareis ahora para  intentar apropiaros de nuestras tierras? ¿O tal vez que os cedamos más derechos de nuestras minas?

—Aciagos tiempos nos ha tocado vivir. Os ruego que me perdonéis si no he sido lo suficientemente claro al exponer los hechos, mi buen Rey Olwen de Luceni, quizás las nuevas no os han llegado aún, o quizás vuestros espías que habéis infiltrado en las filas de los ejércitos de Auscii, han muerto o se han extraviado por el camino, en épocas de guerra nunca se sabe —usando un tono burlón—. Continuare si me lo permite, mi escéptico Rey.

—Interrumpe de nuevo Olwen— Si tan desesperada es nuestra situación, ¿Por qué no se ha convocado a Artza? ¿Acaso no es partícipe de nuestro problema?

—Sí, en efecto, sufriría el mismo destino que vuestras altezas, sin embargo, el actual estado de su economía lo convierte en un las…

—¡Oh por los cinco dioses! —Le corta tajante y enérgicamente Rhimenom— Dejaos ya de tanta pamplina y de tanta floritura, quitaos la máscara de una vez. Embustes y más embustes. Reservad vuestra bípeda lengua para vuestra corte y vuestros lacayos norteños. No hemos acudido a este concilio a dar rodeos. Detesto que me traten como a un imbécil. Si bien es sabido que hace ya generaciones…

El Rey Erin el cuarto asistente a este concilio secreto se acerca con suma discreción hacia a Olwen,  quinto y último participante, para hablar entre susurros:

—He aquí las lecciones de historia del veterano rey Rhimenom, “el fiel”…—ríe el joven rey Erin con absoluta mesura, mientras Olwen le sigue—. Siempre me he preguntado por qué le llaman de tal manera. ¿Será por su real lealtad a sus congéneres o es por la “lealtad” de su amada y bellísima esposa? —Usa un tono satírico y gesticula como un mimo un aro con la mano derecha y apunta con el indice de la izquierda hacia el aro, atrayendo la atención.

—Por la Diosa Àtrea, Olwen, —Le espeta Ronan— ¿Acaso os es gracioso el tema? ¿No os importa vuestro pueblo lo suficiente, que estáis perdiendo el tiempo en bufonadas más propias de un niño que alguien de nuestra posición?, ¿Qué os hace tanta gracia?

—¡Os burlabais de mí! ¡Me ha mirado mientras hacia ese  obsceno gesto!  —Aúlla por la estancia la desgastada voz del anciano rey— ¡¿A que viene esa burla?! Soy el gran rey Rhimenom y me llaman “el fiel” porque jamás he traicionado mi palabra, y eso incluye juramentos a hombres y a dioses, mandatos y tratos. Hasta en el último rincón de mi reino mi esposa alardea de mi moral, mi fe y mi honradez. No os pienso tolerar ninguna burla ¿Me oís? ¡Disculpaos de inmediato! ¡Juro que os ajusticiaré  aquí y ahora!

—Por favor Rhimenom, guardad esa espada, aquí no la necesitareis —Ordenó con tono vehemente— guardadla antes de que os arrepintáis. —Cambiando el semblante a un tono mas laxo— No es de vos de quien se burla directamente mi real bufón Erin, vuestras cinco esposas avalan vuestras honorables palabras como también vuestra incapacidad de engendrar a un heredero. Tan sólo vuestra sexta y última esposa ha obrado el milagro —Ya conteniendo la risa.

La sala al completo estalla de risa. El rey Rhimenom hecho basilisco, desenvaina nuevamente a Degolladora de Almas, su gran espada recta. La hombría y por tanto su respeto se ha desleído como una vaharada en invierno. Se aprecia también la confusión en el vetusto rey, que no entiende como su fama de leal, un atributo de lo más honorable, es objeto de  mayor burla. Alza a Desolladora de Almas con la firme intención de hacer honor a su nombre. Pero en pocos segundos es incapaz de sostenerla por encima de su cabeza y la deja caer sobre la gran mesa rectangular de roble cobrizo, ensartando la hoja de canto. Mientras, Ronan recupera la compostura y pretende recuperar también el control de los asistentes:

—¡Silencio! ¡Ya esta bien! No tolerare ningún acto tan villano en esta sala. —miró con tono inquisitivo a cada uno de los miembros de la sala menos a Rhimenom, donde se detuvo. —Mi buen rey os ruego que nos disculpéis. —La estancia quedo muda— quisiera continuar si a sus altezas reales les parece apropiado y no tienen ninguna objeción. —Hace una breve pausa— ¿No? Excelente. 

 Después de tan desolador panorama, nos hemos visto obligados a replegar todos nuestros ejércitos restantes hacia el medio oeste de Auscii, ocultos en los grandes bosques de Duscae, es muy probable que las fuerzas del sur hayan tomado más de la mitad de las grandes ciudades de Auscii…

Erin vuelve a acercarse a Olwen con sutileza:

—Ya me hubiera gustado estar en la piel de ese piojoso de las cocinas, me cambiaría por el más de una vez, un pobre diablo que trabaja de sol a sol limpiando las cocinas y por las noches, “fiel” amante de la reina —dice esto mientras su rostro se ruboriza con tan lujurioso pensamiento —sin duda alguna ese trabajo de perro sarnoso esta de sobremanera recompensado. ¡No es justo! ¿La habéis  visto en persona?

—No —susurra Olwen.

—¿No? Os compadezco. —Disimula una sonrisa mezquina y lasciva en su rostro mientras se humedece los labios— Tan sólo una vez en mi real vida la he visto en persona y pongo a los dioses por testigo que no hay oro en toda Laurentia que sea comparable a la exuberante belleza de la reina. En una visita oficial, la intente cortejar con mis mejores artes y artimañas, pero ese carcamal parlante de la primera edad, no nos dejó solos ni un minuto. Pude acercarme lo suficiente para tocarle…

Un fugaz silbido corta el obsceno chismorreo de Erin. Quebró su vida al lamer su garganta Degolladora de Almas, que fiel a su reputación, ahora si, cobró de su víctima los insultos y la altísima traición. La intrincada oratoria de Ronan convulsionó por un látigo granate y acuoso. El Rey Rhimenom pese a su longevidad, presumía tener el oido tan agudo que era capaz de oír una saeta aproximarse a él desde setenta pasos, lo había escuchado todo. Todas y cada una de las ignominiosas e hirientes palabras de Erin, el joven e intrépido Rey Erin, el sexto de su nombre, llamado “el afortunado”, afortunado en el amor, afortunado en la guerra. La suerte del afortunado le abandonó  y el concilio secreto terminó de forma abrupta y sin un consenso de cara a tan desolador futuro.

Comentarios

  1. Me gusta mucho como comienza esta nueva linea de relatos fantasticos. Me dejas con ganas de mucho más. Ansío la siguiente parte.

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    1. Hola caracolilla! Pues preparate por que vienen curvas! Vas a sufrir con el destino de muchos personajes y alegrarte por el otros tantos. ψ(`∇´)ψ

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  2. Respuestas
    1. Hola! Ya sólo por los emoticonos veo el grado de aceptación por tu parte. Espero no defraudar. Un abrazo

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  3. Me ha gustado mucho.un besote escritor

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    1. Muchas graciss por tu comentario. Espero verte más por aquí y que sigas leyendome. Un beso!

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